Hablemos del sufrimiento…

Lectura del libro de Isaías (53,10-11)

Sal 32,4-5.18-19.20 y 22

Lectura de la carta a los Hebreos (4,14-16)

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,35-45)

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»
Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?»
Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»
Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»
Contestaron: «Lo somos.»
Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.» Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.
Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»

Puedes descargarte el audio aquí.

¿Te has fijado en la cantidad de veces que están hablando los evangelios de estos domingos de sufrimiento? Del sufrimiento de Jesús, que se encamina a la cruz en estos últimos días de su vida… Y claro, los últimos domingos del año vienen a recoger este amor último que se nos ha mostrado en el sufrimiento.

Y ya puestos, ¿te has fijado en las veces que en la vida aparece el sufrimiento? ¿Muchísimas, verdad? Sin embargo, nosotras a menudo no lo sabemos vivir. Y Jesús ha vivido entre nosotros para muchas cosas, pero también para enseñarnos cómo se vive el dolor de manera que dé vida…

Jesús podía haber tenido la vida que quisiera… ¡es Dios! Y ha querido, lo mismo que el Padre, una vida “torturada por el sufrimiento”, como escuchábamos en la primera lectura. ¿Te preguntas por qué? Por que cuando uno ama, quiere la vida, el destino de los que ama. Cuando uno ama prefiere sufrir por los que ama, mucho más que estar bien sin ellos. Y eso en Jesús es tan verdad, que entrega su vida como expiación: no solo sufrir con nosotros, sino sufrir en nuestro lugar, por nosotros. Para que nosotros nos salvemos, y él sea nuestra salvación.

¿Cómo serían tus sufrimientos si creyeras y consintieras en el modo de Jesús, en su modo de vivir y de sufrir? En su modo que no vive el sufrimiento como lo que hay que evitar, lo indeseable, sino que vive el amor como lo radical, y para que el amor sea, acepta lo que venga, también pasar por el sufrimiento… también entregar su vida por nosotros. Y esto, anuncia el profeta, traerá la salvación: Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Dios, que vive abierto a nosotros, contempla la entrega de Jesús y acoge su amor por nosotros, cambiando el signo de la vida y de la historia.

Si conoces a Jesús, el sufrimiento no es ya la última palabra. La primera palabra de la historia es ahora su amor por nosotros. La que cambia la vida y el sentido de todo: también del sufrimiento, que se nos hace terrible.

Su vida ha inaugurado para nosotros una vida nueva: una vida en la que lo absoluto es el amor de Dios al mundo, y lo que importa es encarnarlo en la propia vida.

A partir de Jesús, fruto de esa fecundidad de que habla el profeta, habrá muchos hombres y mujeres que deseen esta vida al modo de Jesús. Hombres y mujeres que, prendido el corazón en él, desearán vivir en favor de sus hermanos: aliviando sus sufrimientos, curando sus heridas, dignificando su vida, llamándolos a la esperanza, librándolos de la muerte. Hombres y mujeres con el mismo deseo que Jesús en favor de sus hermanos. Hombres y mujeres para quienes ya no es el sufrimiento lo temible, lo inaceptable, sino que lo inaceptable es que haya hombres y mujeres que vivan el sufrimiento sin fe, sin amor, sin esperanza… sin conocer la salvación de Jesús.

Cuando ves esto, suena escandaloso que los discípulos sigan pensando en ser grandes, cuando Jesús viene a ser servidor de todos y los llama a vivir como él; que sigan pensando en ser primeros cuando su Maestro se ha hecho esclavo de todos. Qué distinto es el camino de Jesús de nuestro camino: Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos. Y sin embargo, por este camino desconcertante se encuentra también la salida al sufrimiento, pues su entrega nos ha traído a todos la salvación.

Jesús ha venido a nuestro mundo, ha vivido como cualquiera de nosotros, pero no ha dado las respuestas que damos nosotros: él si tiene una palabra frente al sufrimiento. Él si tiene una palabra frente al mal. Él si nos ofrece salvación de la que no se muere. Y vida plena, mucho mayor que la que podemos imaginar.

De esto nos habla la segunda lectura: de que sigamos creyendo en este Jesús que se ha hecho uno de nosotros, pero no ha afrontado la vida como lo hacemos nosotros, desde el pecado – exactamente como nosotros, menos en el pecado-, y por eso se hace cargo de nuestros cansancios, oscuridades y debilidades. Más aún, está deseando cargar con ellos y llevarlos en nuestro lugar.

¿A qué esperas para pedirle a Jesús que venga a donde tú no puedes? ¿A qué esperas para pedirle que venga a esos hermanos tuyos que no pueden con lo que les toca vivir? ¿A qué esperas para pedirle que cambie tu corazón y lo haga latir a su modo?

Imagen: Velizar Ivanov, Unsplash

2 comentarios en “Hablemos del sufrimiento…”

  1. ¡Qué fácil se nos “cuela” el afán de poder, de querer ser más! ¡Qué fácil se nos “cuela” la tentación de no mirar el sufrimiento, de huir de la realidad para crearnos realidades “paralelas”! Sin embargo, tú Señor, nos llamas a vivir la realidad como viene, a servir en el día a día, en lo pequeño, en lo que nos toca, viviendo el sufrimiento y eligiendo el servir y amar como forma de transparentar tu Rostro. Ante todo ello, de nuevo, pedir, pedir y pedir…

    1. Ese mirar a Jesús, José Ángel, nos enseña cómo vive él: él está en la realidad, él se entrega a cada cosa, y nos enseña que toda la realidad, absolutamente toda, se puede mirar como la vive y la mira él, que vive unido al Padre. Desde el Amor.

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