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Miradas por Jesús (V)

Seguimos nuestro comentario del capítulo 13 del evangelio de Lucas, en el que nos seguimos fijando en el modo como Jesús nos mira. Un modo que es Camino, Verdad y Vida.

Camino de Jerusalén, Jesús recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: —Señor, ¿son pocos los que se salvan? Les contestó: —Pelead para entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos intentarán y no podrán. Apenas se levante el amo de casa y cierre la puerta, os pondréis por fuera a golpear la puerta diciendo: Señor, ábrenos. Él os contestará: No sé de dónde sois. Entonces diréis: Contigo comimos y bebimos, en nuestras calles enseñaste. Él responderá: Os digo que no sé de dónde sois. Apartaos de mí, malhechores. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reinado de Dios, mientras vosotros sois expulsados. Vendrán de oriente y occidente, del norte y el sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad, hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos. Lc 13, 22-30

La perícopa comienza diciendo que Jesús recorría ciudades y aldeas enseñando. Esto significa que a Jesús le importa enseñarnos. Así que si tú crees saber, si no tienes nada que preguntarle, más vale que te sacudas ya ese “saber” para no perderte lo que él ha venido a traernos.

En uno de esos encuentros, una persona le pregunta sobre la salvación: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Una pregunta importante, de esas que son capaces de troquelar nuestra vida, de darle consistencia y estructura.

Y Jesús responde con toda verdad en respuesta a esta pregunta: “aquí tiene que estar tu pelea”. Aunque eso nos desgarre, aunque eso nos haga tirar cosas, aunque a veces sea costoso y otras desgarrador. Estamos hablando de jugarse la vida. Estamos hablando de personas que saben, que al menos han entrevisto en algún momento de la vida, dónde estaba lo importante. Esas horas de la vida en las que adquirimos una lucidez. Esas horas de la vida que preludian la hora final, en la que le decimos a Jesús “pero si yo soy de los tuyos”, y él te dice que no te conoce de nada, porque quizá solo oíste hablar de él, porque quizá le seguiste un tramo del camino pero lo dejaste, distraída, ocupado por cosas que te parecían mejores. La dura respuesta de Jesús nos dice hasta qué punto esa mentira de no haberle puesto en el centro, tu desconocimiento, da lugar a un desconocimiento de parte de Jesús. Nos hace tomar conciencia de la necesidad de vivir en relación con él para escoger la vida. Al final, en la hora definitiva, lo que desearemos será el gozo de Abrahán, Isaac, Jacob y todos los profetas, que han vivido y han muerto por Dios. Al final, habrá últimos que serán primeros, y nos revelarán si estábamos en la vida desde el mirar de Dios, o si estábamos en la vida desde nuestros criterios que han resultado, al final, errados.

Imagen: Wojciek Paczes, Unsplash

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