En la primera carta a los Corintios, Pablo nos va a hablar de cómo se vive la vida cristiana después del encuentro con Cristo. Vamos a leerla en esta clave en que ha sido escrita: mirando a Jesús para abrirnos a vivir con, por y para Dios, al modo de Jesús.
1 Cuando acudí a vosotros, hermanos, no me presenté con gran elocuencia y sabiduría para anunciaros el misterio de Dios;2 pues entre vosotros decidí no saber otra cosa que Jesucristo, y éste crucificado.3 Débil y temblando de miedo me presenté a vosotros;4 mi mensaje y mi proclamación no se apoyaban en [palabras] sabias y persuasivas, sino en la demostración del poder del Espíritu,5 de modo que vuestra fe no se fundase en la sabiduría humana, sino en el poder divino.6 A los maduros les proponemos una sabiduría: no sabiduría de este mundo o de los jefes de este mundo, que van decayendo.7 Proponemos la sabiduría de Dios, misterio oculto, decidido por Dios desde antiguo para vuestra gloria.8 Ningún príncipe de este mundo la conoció: pues, de haberla conocido, no habrían crucificado al Señor de la gloria.9 Pero, como está escrito: Lo que ojo no vio, ni oído oyó, ni mente humana concibió, lo que Dios preparó para quienes lo aman. 1Cor 2, 1-9
La semana pasada Pablo nos mostraba cuáles son las preferencias de Dios, que ha preferido el camino de la cruz y nos ha revelado así un modo de vivir que supera a la religiosidad y a la sabiduría de nuestro mundo. A esta luz, señalaba a los Corintios un caso concreto de este modo de actuar de Dios, al hacerles ver que Dios ha manifestado también, al elegir a los miembros de su comunidad, esa preferencia de la que la Cruz es la referencia absoluta, en la que Jesucristo, el Hijo encarnado, nos ha manifestado el modo de Dios.
Ahora, Pablo nos habla de que también él mismo, al presentarse a la comunidad, ha manifestado los modos de la cruz: decidí no saber otra cosa que Jesucristo, y éste crucificado. De tal manera que, tanto en el modo de vivirse interiormente como en las palabras que empleó, el modo ha buscado manifestar el poder del Espíritu, y no las fuerzas humanas.
De aquí, después de mostrarnos la sabiduría de la Cruz y de ponernos estos dos casos – el de los miembros de la comunidad y el de la predicación del propio Pablo-, les manifiesta cómo es esa sabiduría de Dios que se revela triunfante cuando las sabidurías de este mundo pasan. Tan triunfante, tan luminosa, que desborda todo lo que podemos conocer y experimentar, e incluso desear: Lo que ojo no vio, ni oído oyó, ni mente humana concibió, lo que Dios preparó para quienes lo aman.
La fe que nos permite contemplar la Cruz de Jesús al modo de Jesús hace posible que deseemos la vida que viene de ella.
Reconoce aquellos elementos de este fragmento con los que el Espíritu te impulsa a vivir. No dejes de pedir, también, por las hermanas y hermanos que también buscan escuchar a Jesús para vivir de Él.
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