Una Buena Noticia (XX)

En estas entradas leeremos el capítulo 24 del evangelio de Lucas. De las muchas cosas que podemos aprender en cada uno de los textos, hay una que es esencial: escuchar esta palabra como Buena Noticia que es, de manera que ilumine y configure nuestra vida al modo de Dios.

En esta entrada y en las que siguen, leeremos la Palabra así, como Buena Noticia.

 36 Estaban hablando de esto, cuando se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:
—La paz esté con vosotros.37 Espantados y temblando de miedo, pensaban que era un fantasma.38 Pero él les dijo:
—¿Por qué estáis turbados? ¿Por qué se os ocurren tantas dudas?39 Mirad mis manos y mis pies, que soy el mismo. Tocad y ved, que un fantasma no tiene carne y hueso, como veis que yo tengo.40 Dicho esto, les mostró las manos y los pies.41 Era tal el gozo y el asombro que no acababan de creer.
Entonces les dijo:
—¿Tenéis aquí algo de comer?42 Le ofrecieron un trozo de pescado asado.43 Lo tomó y lo comió en su presencia.44 Después les dijo:
—Esto es lo que os decía cuando todavía estaba con vosotros: que tenía que cumplirse en mí todo lo escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.45 Entonces les abrió la inteligencia para que comprendieran la Escritura.46 Y añadió:
—Así está escrito: que el Mesías tenía que padecer y resucitar de la muerte al tercer día;47 que en su nombre se predicaría penitencia y perdón de pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalén.48 Vosotros sois testigos de ello.49 Yo os envío lo que el Padre prometió. Por eso quedaos en la ciudad hasta que desde el cielo os revistan de fuerza.
Lc 24, 36-49 (1)

Como hicimos en la perícopa anterior, vamos a comentar primero la muerte. Aquí se proclama primero la Vida, pero esta Vida cae en nuestra muerte hasta que empezamos a creer. De nuevo veremos la misericordia de Jesús que nos va conduciendo a la Vida llevándonos más allá de nuestra lógica, más allá de nuestro miedo, más allá de nuestras dudas.

La paz esté con vosotros. Con qué gozo ha pronunciado Jesús estas palabras, y con qué espanto, qué miedo, qué dudas y qué turbación lo acogemos nosotros. Esto sucede también a nivel humano, pero aquí vamos a verlo a nivel espiritual, en clave de fe, que es de lo que aquí se habla. A esta luz podemos comprender la correlación que se da entre la dimensión humana y la dimensión espiritual.

A nuestro miedo y a nuestras dudas, Jesús responde amorosamente. No solo haciéndonos caer en la cuenta de esa turbación y dudas que experimentamos, sino acercándose a nuestras dudas, a nuestra turbación. Nos muestra tierna y pacientemente, a través de sus manos y sus pies que ofrece a nuestros sentidos (Tocad y ved…). Igualmente, nos sigue llevando más allá cuando nos situamos desde ese gozo y ese asombro que, demasiado humanos, no nos permiten aún creer (no acababan de creer).

Primero nos invita a tocarlo para que reconozcamos el cuerpo real, no de un fantasma, que Jesús tiene. Y como aún con el tacto nos cuesta creer, nos pide comida para darnos, aún, más pruebas de su consistencia material. Un cuerpo resucitado y victorioso, en una presencia y una materia como la nuestra. Cuando se han calmado y empiezan a poder mirar desde la fe, viene la enseñanza: ya os lo había dicho. Y como a los de Emaús, les explica cómo toda la Escritura, tan amada y tantas veces escuchada, la comprenden hoy por primera vez, cuando el Dios vivo, conocido en carne y en Palabra, abre su inteligencia para comprender la Escritura. Esta inteligencia de la fe que permite comprender según Dios, que es como la realidad ha de ser comprendida. Es así como vincula la fe en el Mesías que Israel espera desde hace tantos siglos a la persona de Jesús, el Maestro y, ahora más que nunca, el Señor. Es así como vincula a Jesús, el Maestro y el Señor, con el Dios Vivo que ahora los envía como testigos, lo mismo que él ha sido enviado por el Padre. Y les da una orden, la primera, que ellos pueden recibir, porque ahora acogen desde la fe: Yo os envío lo que el Padre prometió. Por eso quedaos en la ciudad hasta que desde el cielo os revistan de fuerza.

En adelante, pueden escuchar a Jesús y comprenderlo. Y aunque a veces no comprendan o se resistan, ahora saben que es el Señor que tierna, paciente y amorosamente, los llamará una y otra vez, iluminando su inteligencia y abriéndolos a vivir.

Pedimos al Espíritu que ilumine y transforme nuestras vidas, en favor de muchos, a la luz de lo que la Palabra que Dios viene a mostrarnos. Que la lectura de esta Buena Noticia te ayude a reconocerla en otros textos también.

Imagen: Nguyen Tong Hai, Unsplash

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