«¿Qué te han traído los Reyes?»

… es una pregunta que se escucha mucho en este día, y quizá también mañana, y pasado. Al menos, entre los que tenemos ordenador… solo, claro, entre los que tenemos posibilidad de dar y recibir regalos.

Sin querer aguarle la fiesta a nadie, o más bien, porque se puede hacer de esta fiesta con la que va terminándose la Navidad algo más, mucho más, quiero hacer alguna propuesta que vaya más allá del mero intercambio entre los que tenemos ordenador y muchas otras cosas.

Puedes atreverte a intentar otra cosa: regalar a quien no tiene, para experimentar lo que se siente cuando la abundancia colma algún vacío, para colaborar a que las desigualdades, tan escandalosas, se encuentren y se miren a los ojos.

Puedes regalar cosas necesarias a quien las necesita o cosas que valen por ser bellas, puedes regalar tiempo, puedes llevarte a esta familia de excursión o alegrar la tarde a los que están tristes en el hospital, en una cárcel o en tantos lugares donde habita la soledad o el dolor. Puedes regalar gratuidad, como hicieron aquellos hombres que implicaron su vida en seguir una estrella. Puedes echar tu corazón a volar para que en estos días de fiesta descubras que puedes hacerte regalo.

Si quieres, puedes leer el texto del evangelio de hoy (Mt 2, 1-12) que dice cómo aquellos hombres, que eran ricos, pusieron sus riquezas a los pies de Jesús. Quizá porque siempre vamos con regalos a agasajar a los que consideramos importantes… o quizá porque, una vez que llegaron, vieron que ese niño era la Riqueza, y lo mejor que podían hacer era soltar sus presentes y ponerse a jugar con él. El texto sigue diciendo que volvieron a su tierra… tan llenos de la riqueza de este niño que les duró toda la vida, porque así sucede al que se encuentra con Dios.

Puedes pasarte esta tarde, o mañana por la tarde si te va mejor, mirando al niño con una sonrisa mediocontemplativa-mediohumilde-medioirónica-medioarrepentida porque en realidad, nos hacemos regalos cuando aún no hemos encontrado lo esencial. Cuando Dios te llena, los regalos ya no son lo que eran… como no valgan para ayudar al que necesita, como no valgan para conectar con el corazón de la otra persona, como no valgan para decirle al otro que estás con él, los «regalos» son cosas con las que luego no sabrás qué hacer. Cuando hemos encontrado lo esencial, nos sentimos regalados y podemos empezar a gastar la vida en regalarnos.

El día de Reyes el que de verdad regaló fue, como siempre, Jesús. Esos tres hombres, esos buscadores que seguían una estrella que les hablaba del Dios que su corazón buscaba tanto como respirar, pusieron a los pies de ese niño todo lo que traían… y así, liberados de lo que traían, pudieran acoger la Riqueza de Dios, presente en él.

¿Es un día de hacer regalos? ¿Es un día de recibir al que nos lo ha regalado todo? ¿Es un día de celebrar la gratuidad y la superabundancia de nuestro Dios, Riqueza Infinita?

Si lo descubrimos, saldremos a regalar al Dios que nos habita, en todas las formas que el amor sabe inventar.

La foto es de Lucia Kontšekova

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