En estas entradas leeremos el capítulo 21 del evangelio de Lucas. De las muchas cosas que podemos aprender en cada uno de los textos, hay una que es esencial: escuchar esta palabra como Buena Noticia que es, de manera que ilumine y configure nuestra vida al modo de Dios.
En esta entrada y en las que siguen, leeremos la Palabra así, como Buena Noticia.
A unos que ponderaban los hermosos sillares del templo y la belleza de su ornamentación les dijo: —Llegará un día en que todo lo que contempláis lo derribarán sin dejar piedra sobre piedra. Le preguntaron:
—Maestro, ¿cuándo sucederá eso y cuál es la señal de que está para suceder? Respondió:
—¡Atención, no os dejéis engañar! Pues muchos se presentarán en mi nombre diciendo: Yo soy; ha llegado la hora. No vayáis tras ellos. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no tengáis pánico. Primero ha de suceder todo eso; pero el fin no llega enseguida. Entonces les dijo:
—Se alzará pueblo contra pueblo, reino contra reino; habrá grandes terremotos, en diversas regiones habrá hambres y pestes, y en el cielo señales grandes y terribles. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, os llevarán a las sinagogas y las cárceles, os conducirán ante reyes y magistrados a causa de mi nombre, dándoos oportunidad de dar testimonio de mí. Haced resolución de no preparar la defensa; yo os daré una elocuencia y una prudencia que ningún adversario podrá resistir ni refutar. Hasta vuestros padres y hermanos, parientes y amigos os entregarán y darán muerte a algunos de vosotros; y todos os odiarán por mi nombre. Sin embargo no se perderá ni un pelo de vuestra cabeza. Con vuestra constancia ganaréis vuestras vidas. Lc 21, 5-19
Nos encontramos aquí uno de esos textos que, a menudo, nos hacen temblar. Algo que hemos de tener presente para leerlo, es que todo lo que dice Jesús, lo dice para todos a la vez. De tal manera que en vez de leer este texto individualistamente, nos abramos a esa comunión profunda en la que todo, lo visible como lo invisible, descansa.
La perícopa comienza con estos que alaban los sillares del templo y no atienden a más. En respuesta a estos comentarios, Jesús dice a los que hablan así: Llegará un día en que todo lo que contempláis lo derribarán sin dejar piedra sobre piedra. En esta ocasión, los discípulos, lejos de defenderse de estas palabras (y es Buena Noticia cuando respondemos así, porque esto no lo podríamos hacer si no es por el don del Espíritu que está actuando en ellos), le preguntan a Jesús, abriéndose a sus palabras: Maestro, ¿cuándo sucederá eso y cuál es la señal de que está para suceder? De este modo, los discípulos se manifiestan abiertos a lo que les dice Jesús. Y Jesús les responde mostrándoles las señales para reconocer lo que él dice.
En primer lugar, les advierte acerca de aquellas señales que lo parecen, pero no lo son: cuando seguimos a alguien a quien identificamos con el Señor y no lo es, cuando sentimos pánico con cosas que nos parecen muy graves (hemos de reconocer que nuestro modo de mirar tiende a alarmarse, no solo cuando pasan cosas grandes como las guerras y las revoluciones, sino incluso en las muy pequeñas, como broncas entre nosotros o broncas que tienen otros). Aquí ya tenemos algo en lo que responder a lo que dice Jesús, desterrando lo nuestro.
Nos habla después de otra serie de signos: de aquellos conflictos que suceden entre los pueblos, de males físicos como los terremotos, hambres y pestes, señales grandes y terribles en el cielo… y no se trata de pensar que esto sucede a otros, sino que esto, por pasarle a algunos de nuestro mundo, ya nos está pasando a nosotros. Y aquí no tenemos sobre todo estas señales físicas o sociales o políticas, sino que sobre todo son señales de esta presencia próxima de Dios.
Y esto, que sucede a nivel sociopolítico, sucede también a nivel religioso… nosotros aquí vemos el daño hecho a los creyentes, el rechazo de Dios, etc…. Y Jesús nos está diciendo que son señales que hablan de que Dios se acerca a nosotros.
La palabra que Jesús opone a esto no es ninguna de las que dependen de nuestras fuerzas, sino de la fe que nos lleva a la fidelidad: Con vuestra constancia ganaréis vuestras vidas.
Pedimos al Espíritu que ilumine y transforme nuestras vidas, en favor de muchos, a la luz de lo que la Palabra que Dios viene a mostrarnos. Que la lectura de esta Buena Noticia te ayude a reconocerla en otros textos también.
Imagen: Nathan Dumlao, Unsplash
