Enamórate… Todo será de otra manera

En este tiempo hablamos mucho de equilibrar el trabajo y el descanso. De que no hay que trabajar tanto y que es necesario descansar. Lo podríamos argumentar hasta el infinito, aunque no sé si serviría de mucho, porque cada uno de los que se encuentran en uno de los «bandos» tiene buenas razones para seguir en él. No digo que este consejo no tenga sentido: efectivamente, hay personas que solo viven para trabajar, igual que otras que solo viven pensando en el descanso, y a los unos como a los otros les vendría bien vivir mejor lo del “otro lado. Este “equilibrio” es un buen consejo, pero va a ser un poco ortopédico, como todas las cosas que siendo de la vida, intentamos organizar con la cabeza: un poco más de esto, para que lo otro no se me descompense…

El que no conozca otro modo, que siga con ese. Qué remedio. Pero hay otro modo mejor de vivir: vivir, no para el trabajo ni para el descanso, sino para vivir. Ese modo, para mí, es vivir enamorad@. No con ese enamoramiento que te tiene abducid@ durante unos meses o unos años y se centra en la persona amada sin que pueda uno exportarlo a todo lo demás, sino ese enamoramiento es como un estado de gracia, una luz interior que alcanza a todo lo que tocas y lo reviste de grandeza.

Te dejo a continuación este poema de Pedro Arrupe que me parece que expresa muy bellamente, y con mucha verdad, esta vida enamorada: una vida que se ha encontrado con Dios, y se ha encontrado de una manera definitiva y absoluta, la de quien descubre que solo Dios puede colmar nuestro corazón y le reconoce el centro de la propia casa, de la propia vida.

Como ocurre siempre que te enamoras, Aquel que amas atrapa tu imaginación, tus lecturas y tu tiempo. Hace que no sepas distinguir entre trabajo y descanso, porque ya no miras en esas categorías, sino que miras con la mirada de Dios. Y cuando miras con la mirada de Dios las cosas se ven en clave de amor, de sentido, de dolor… y esas certezas ocupan tu atención, a la vez que hacen que se caiga todo lo que hasta ahora te importaba o te ocupaba, y ya no.

Cuando te enamoras, van siendo las preferencias de Dios, su modo de estar en la realidad y de valorarla, aquello en lo que tienes que implicarte y lo que dejas caer, se vive por el impulso del Amor y no de las opiniones, ni de las propias certezas por ciertas que fueran, sino por esa otra forma de mirar que ahora te habita y te guía desde dentro. Ya no estás solo, y no quieres que otros estén solos. Ya no estás perdido, y no quieres que otros estén perdidos. Ya no tienes dolor, y deseas sufrir para que otros no sufran…

Permanecer en este amor que lo es todo, no como palabras, sino porque totaliza tu corazón y tu vida, dará sentido a lo que haces cada día desde lo mejor de nuestro mundo: desde Dios.

Te dejo aquí el poema de Pedro Arrupe. ¡Que lo desees para tu vida, y para la de todos los hombres y mujeres de este mundo!

¡Enamórate!
Nada puede importar más que encontrar a Dios.
Es decir, enamorarse de Él
de una manera definitiva y absoluta.
Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación,
y acaba por ir dejando su huella en todo.
Será lo que decida qué es
lo que te saca de la cama en la mañana,
qué haces con tus atardeceres,
en qué empleas tus fines de semana,
lo que lees, lo que conoces,
lo que rompe tu corazón,
y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud.
¡Enamórate! ¡Permanece en el amor!
Todo será de otra manera. [1]

[1] https://pastoralsj.org/recursos/oraciones/100-enamorate

 

Imagen: Nathan Dumlao, Unsplash

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