Enseñanzas esenciales (II). Lo que Dios alaba, lo que Dios valora

Lectura del primer libro de los Reyes (17,10-16)

Sal 145,7.8-9a.9bc-10

Lectura de la carta a los Hebreos (9,24-28)

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,38-44)

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»
Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.
Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

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En estos últimos domingos del año se nos habla de lo esencial. Dios mismo, en Jesús, nos advierte de las cosas que importan. Y lo hace a través de la vida: en las cosas normales que pasan, en el observar de cada día, Jesús ve cosas que nosotros no vemos y nos enseña a mirar de otro modo. Así, ese modo suyo de mirar tan diferente del nuestro -tan otro que hemos de ser transformados para poderlo reconocer-, se ofrece como enseñanza para nuestra vida.

Si sabes quién es Jesús, sabrás cuánto valen sus enseñanzas: tanto como para dejar de lado lo que habías aprendido hasta ahora (esto quiere decir que también has aprendido, en la relación con Jesús, quién es él y quién eres tú) y quieres atender con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas a lo que Jesús nos está diciendo. Él es la Vida, y la Verdad… y el Camino para llegar a ambas.

Vamos a escucharle con el corazón abierto.

Decíamos que lo que Jesús nos muestra no es algo escondido o abstracto, sino que él nos habla de lo que se da en medio de la vida. Jesús está en el templo, frente al arca de las ofrendas. Ve echar a los pobres, y ve echar a los ricos. En concreto, de todos los que van pasando por allí, llama su atención la ofrenda de una viuda pobre: ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

¿Quién se hubiera fijado en una viuda pobre, cuando pasan los ricos vistosos y elegantes? ¿Quién se fija en una ofrenda de dos moneditas cuando hay otros que echan en cantidad? Ya esto nos indica que Jesús mira distinto, y valora otras cosas. Ve lo que nadie ve, y su modo de mirar da con el verdadero motivo de alabanza, que no tiene nada que ver con la apariencia… ni con la cantidad… ni con la intención siquiera. Jesús valora el corazón que lo da todo, y lo demás se entiende desde ahí:   no que des mucho (que puede ser muy poco), sino que des todo, y lo des por amor. Que tú, que pasas necesidad, te compadezcas y des lo que tienes.

No sé adónde iba lo que echaban en el arca de las ofrendas. Igual iba a esos escribas y fariseos hipócritas que engañan a las viudas bajo pretexto de largas oraciones. Es posible que tu limosna generosa no va a donde más fruto pueda dar. Dios la alaba igual, porque valora lo que mueve tu corazón, lo que te lleva a darte. Más aún… él se ocupa de tu vida cuando ya no te queda más, y lo mismo respecto de aquellos a los que has querido ayudar. Aquella viuda de Sarepta ofrece a Elías lo que ella tiene para vivir, y Dios la bendice inagotablemente a través del profeta. Así también, Dios alaba y cuida de esta viuda que lo ha dado todo por un amor que rompe en pedazos nuestra lógica.

Estas personas, la viuda que echa al arca de las ofrendas, o la viuda de Sarepta, tienen algo en común con Jesús, que se entrega a sí mismo del todo y una vez para siempre, como hemos escuchado en la segunda lectura. El Dios que lo da todo por nosotros, ¡cómo se alegrará con quienes dan todo lo que les queda!

En cambio, los escribas y fariseos son condenados por Jesús: por su mentira que queda descubierta a la mirada de Jesús; por su codicia que les lleva a devorar los bienes de los pobres y por su vanidad que les lleva a adornarse ante la gente. Estos, dice Jesús, tendrán una sentencia más rigurosa: esto es lo que le parece mal a Dios. La hipocresía, el abuso, la codicia, la mentira… la oscuridad de corazón.

Para vivir de lo que importa, es preciso mirar al modo de Jesús: valorar lo que él valora, condenar lo que él condena. Puede ser buen momento para revisar si tus prioridades y tus rechazos coinciden con los de Jesús: ¿adónde va tu vida si valoras de otro modo? ¿Cómo sería tu vida si te atrevieras a valorar, y a vivir, de un modo semejante al suyo?

Imagen: Hưng Nguyễn Việt, Unsplash

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