Jueves Santo. Contemplación

Te propongo que escuches y cantes esta canción antes de empezar tu oración:  Quién amó primero

Después, continúas leyendo el texto que sigue. Visualízalo como una conversación, mirando a Jerusalén, entre Jesús y uno de nosotros. El contexto es la frase de Lucas que copiamos a continuación. Puedes leerla en alto para hacerla presente en tus oídos y en tu corazón:

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que Dios te envía! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos debajo de las alas, y no habéis querido. Lc 13, 34

……..: No sé por qué lloras, Jesús. Si Jerusalén no quiere hacerte caso, ellos se lo pierden. Tú eres Bueno, eres Todo, eres Feliz. ¿Por qué te preocupas por ellos? Déjalos, no vale la pena esforzarse, no vale la pena intentarlo. Has venido y nos has traído curación, esperanza, vida, alegría… y sin embargo, no han querido verlo. No hemos querido verlo, tengo que reconocer… aquí no me es tan fácil decirte “no me hagas caso”. Al contrario. No quiero que te olvides de mí porque yo me olvido de ti. Es verdad que me olvido de ti, pero, ¿qué será de mí si no vienes a salvarme, si no me llamas una y otra vez? ¿Qué será de mí si me quedo en esta oscuridad en la que se me desdibuja y se me hunde la vida?

Jesús: Es posible que el caer en la cuenta de lo que te pasaría a ti si te dejo te ayude a ver por qué no quiero dejar de amar a Jerusalén. Porqué  no quiero dejar tampoco a Argel, ni a Colonia, ni a San Francisco ni a San José ni a Hong Kong ni a Lagos. Ellas no ven, no han visto ni siquiera habiendo venido personalmente a anunciarles la salvación. Siguen en sus búsquedas, a veces religiosas. En sus preocupaciones, que les ocupan hasta asfixiarlo todo. ¡Si os fiarais de mí, los dolores o los males empezaríais a verlos como lo que son! He venido porque amo a cada pueblo, a cada ciudad, a cada persona… y no habéis querido ese amor que quiero ofreceros. Cómo no llorar cuando la criatura que amas no te ama. ¡Cómo no llorar de dolor, cuando los que amas padecen como si no tuvieran salida, como si no hubieran conocido la salvación!

……..: Me llama la atención que sigas queriendo querernos, a pesar de cómo te tratamos, Jesús. No te digo entonces “déjanos caer”, “olvídanos”, porque veo que eso es lo que hacemos nosotros. Tú miras de otro modo. Tú quieres venir a nosotros, tú quieres estar con nosotros. Nos amas de un modo que no comprendo. No sólo porque a cambio de tu amor encuentras desamor, sino porque aunque lo tienes todo, parece que lo que te llena, por hablar a nuestro modo, es venir a estar a nuestro lado. Es como si tu riqueza la quisieras derramar en el mundo, en nosotros, los tuyos, porque nos consideras así, tuyos, a pesar de que nosotros te seguimos mirando tantas veces como extraño, lejano, ajeno…

Jesús: Es que eso es amar, ¿no te parece? Querer colmar a los que amas con todo lo que eres, para que se beneficien, estén también colmados, se alegren. Yo he venido a daros lo que el Padre me ha dado a mí, lo que vivimos Nosotros, para que os llenéis de alegría. Estas lágrimas que ves son el dolor porque tanto bueno como vengo a traeros quede perdido para vosotros. He querido atraeros a mí como la gallina a los polluelos, y no habéis querido. Os parecía que eso os quitaría “lo vuestro”, os parecía que os iba a dominar, que no os iba a dejar ser si os recogía bajo mis alas, bajo mi amor. ¡Si todo lo que deseo es amaros con el Amor que os ha creado! ¡Si todo lo que deseo es daros esta Vida que lo es Todo!

……..: me sobrecoge que nos quieras así, Jesús. Se me ocurre sugerirte que igual este ha podido ser el problema: a nosotros, cuando nos ponen las cosas muy fáciles, sospechamos, las despreciamos. Cuando alguien nos ama mucho, lo dejamos de lado para entregarnos a amar a los que no nos miran, a los que no nos valoran, porque nos parece una victoria “conquistar” su amor. Igual en algún momento hemos sentido que lo tuyo era mejor, pero  no nos atrevemos a entregarnos a ese Amor tuyo, con mayúsculas, porque pensamos que nos perderemos, o que no nos entenderán, no sé. Luego se nos olvida, y nos dedicamos a otras cosas que sabemos que no valen tanto, pero nos parecen más “para nosotros”.

También quiero decirte que a veces, cuando estoy contigo, tengo la certeza de que es contigo con quien quiero estar en la vida. Luego, si no hago mucho esfuerzo por mantenerme ahí, se me olvida y me vuelvo a lo de siempre, a lo que me quita la vida.

Jesús: Deseo vuestro amor. Tengo sed de amaros, de poner amor en vosotros y que os desborde. Por vosotros, que habéis sido creados para vivir del amor, y porque tengo sed de vuestro amor, de ese que sólo me podéis dar cuando estáis colmados, rebosando amor. ¿Entiendes ahora mi llanto? Amar tanto que eres solo amor, y encontrarse a cada paso, entre vosotros, con el desamor. Saber que sólo el Amor puede salvar la realidad y reconocer, de modo indudable, que dais la espalda al Amor y lo confundís con cualquier cosa. Cualquier cosa os parece más deseable, más apetecible, más atractiva o interesante que este Amor que os ofrezco.

Esta es la impotencia del Amor. Yo sé que solo mi Amor os salva. He venido a construir una historia de amor con vosotros. Con cada ciudad, con cada persona, pues todo ser que viene a este mundo conoce la Vida en la misma medida en que se une a mi Amor. No sólo os amo… soy Amor. Por eso, no puedo, no quiero dejar de amaros. No tendrá mi Amor, al menos en este momento, la forma de una historia de amor. Tendrá la forma de un Amante fiel y entregado, que permanece amando aunque su amada, su amado, se encuentra muerto por la mentira, por el egoísmo, por la indiferencia. Yo seguiré amándoos.

No sé si lo sabías, pero el Amor, infinitamente poderoso, es también impotente. El Amor solo puede amar. Sólo puede permanecer junto a los que ama, seguir junto a ellos, llorando por su desamor, llorando de amor, prometiéndose y prometiendo que permanecerá, que se entregará por ti Jerusalén, por ti Argel, por ti Puerto Príncipe, por ti San Francisco, por ti San José, por ti Hong Kong, por ti Lagos… ahora son todas las naciones de la tierra el objeto de mi amor, ahora es a todas las ciudades, símbolo de sus habitantes, a quienes me dirijo como a la esposa amada desde siempre. Mi Amor está sediento de amar, está deseoso de encontrar amadores a los que entregarse.

Pero voy viendo, así me lo muestra el Padre, que he de ser yo el Amor. Que este Amor con el que os amo debe ofrecerse al Padre, en su altar, y ser inmolado para ser fecundo. Como el grano de trigo que cae en la tierra y muere (cf. Jn 12, 24), así yo he de ofrecer al Padre este Amor con el que os amamos, para que Él disponga la fecundidad de este Amor que ahora se revela impotente, inútil, como un grano caído en tierra y pisado por todos.

(… escucha el texto completo en la grabación que encontrarás a continuación) 

Jueves Santo. Año A

Propuesta para la contemplación

1º Silénciate a través la postura y la respiración y en actitud relajada y atenta, abre el corazón. En primer lugar, siente a Jesús a tu lado: llorando por Jerusalén, pleno de esperanza en el Padre, una Esperanza que no ha sido anulada por la muerte.

Contempla, por tu parte, la que para ti es Jerusalén. Unida a Jesús, contempla y pide que se te dé contemplar según su modo.

2º Se te despertarán sentimientos, ideas, temores. Son tu modo de percibir la realidad, aún no transformada por el modo de Jesús. Reconócelos, y después, deja que se vaya ese modo tuyo. Agarrándote a Él, deja que su Modo se te imprima. Yendo más al fondo, reconoce también la Esperanza que Jesús te comunica. Permanece en ellas.

3º A continuación, contempla esa ciudad/hecho sangrante que alcanza tu corazón, y contémplalo desde lo que Jesús te ha comunicado. Bendice a esa realidad con la Esperanza, de Jesús y suplica mirar a su modo.

4º Sigues respirando, cada vez más aquietada, cada vez más silencioso, cada vez más amante. Percibe, si se te da, a Dios morando en ti. Consiente, si se te da, en el movimiento de este día, en la respuesta que Elohim te inspira. Sé desde lo que Dios te da, consiente en ello y pide ser transformado.

Repite esta contemplación a lo largo del día, consiente en la transformación “sin vuelta” que Jesús quiere realizar en ti.

La canción es del grupo Ruah. La imagen es de Menchu Larráyoz. Al audio, le ha puesto voz y corazón Tere Gelardo. 

¡Gracias a todas!

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