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Oración en el Nuevo Testamento: el nosotros, comunión que refleja al Dios Trinidad

Si estás leyendo este blog, seguramente sabes que la oración es importante. Posiblemente, sabes también algunas cosas sobre la oración: a qué llamamos oración, por qué se recomienda tanto y algunas otras cosas relacionadas con ella. Pero puede que también te suceda que, como nos pasa con otras cosas buenas, el saber qué son no garantiza que las vivamos. Tenemos la extraña costumbre de saber algunas cosas, recomendarlas a otros incluso, y no vivirlas. Con la oración nos pasa (como con algunas otras de esas cosas buenas que valoramos, que recomendamos y no vivimos) que no acabamos de encontrar la puerta de entrada a ese mundo deseable: esa puerta de entrada que se te abriría a partir de encontrar un tiempo para rezar, esa puerta de entrada que requiere que quites tus ideas acerca de lo que la oración es o debería ser y que te permitas, ante Dios, ser quien eres, quien él te llama a ser. ¿Por qué digo lo de la “puerta de entrada”? Porque a menudo intentamos orar haciendo lo que nos han dicho que hagamos, diciendo lo que nos han dicho que digamos, pero lo hacemos y decimos como palabras prestadas que no nos permiten encontrarnos a nosotros mismos ante Dios.

Hay muchos obstáculos que debemos remover antes de orar en verdad. Por eso, en estas entradas vamos a venir a algunas cosas que dice el Nuevo Testamento sobre la oración (¡dice muchísimas más!), con la intención de que estas palabras de Jesús que vienen a iluminar nuestra vida, te sirvan para encontrar un modo de relacionarte con Dios que sea la música de tu vida, y dé el tono a todo lo demás.

Esta semana, el texto que escogemos para hablar de la oración se encuentra en el libro de los Hechos de los Apóstoles. El Libro de los Hechos lo escribe Lucas como continuación de su evangelio, y a través de dichos Hechos nos muestra el modo como actúa el Espíritu en medio del mundo, especialmente a través de los hombres y mujeres que van creyendo en Jesús de Nazaret, de los cuales Pedro y Pablo son testigos insignes.

Así, en el capítulo 12 del libro de los Hechos se nos cuenta cómo Pedro es apresado y se nos dice que Mientras Pedro estaba en la cárcel, la iglesia oraba por él a Dios sin cesar (Hch 12, 5). Es un relato precioso en el que estos hechos injustos, comunes en nuestro mundo, quedan iluminados desde la acción del Espíritu, que actúa en todo.

Quería destacar esta breve referencia a la oración para mostrar de qué modo, como Jesús nos enseña en el Padrenuestro, en el amor de Dios quedamos todos referidos, unos a otros. Aquí vemos cómo el encarcelamiento de Pedro lleva a la iglesia, como cuerpo, a orar incesantemente a Dios por él. La oración nos lleva a los hermanos: no oramos solo ni primeramente por nosotros, sino que oramos por otros. Y no oramos solos, sino que oramos con otros. De tal manera que nuestra relación con el Padre, que nos va transformando, ensancha nuestro corazón de muchas maneras. Nos abre a esperar consuelo, salvación o lo que necesitemos más allá de nuestras fuerzas, más allá de nuestro mundo, pues nos hace conocer que la fuerza, el consuelo y la salvación nos vienen de Dios. Nos muestra que no estamos solos, sino que estamos mutuamente referidos unos a otros y a medida que se incrementa esta certeza, crecemos en el amor y en la súplica por más hermanas y hermanos cada vez. Nos descubre, a partir de esa relación con Dios que es la oración, que toda la realidad es relación, y que en todo nos comprendemos y nos desplegamos en la medida en que nos referimos a los demás, en la medida en que vivimos para, con, por, gracias a los demás. Así, a través de la oración vamos descubriendo este rasgo del modo de mirar de Dios que nos ha creado hijos y hermanos, que nos ha creado juntos, que nos ha creado para vivir vinculados.

Te propongo este ejercicio: reza despacio el Padrenuestro, descubriendo cuántas referencias al nosotros se pronuncian en él. Después, vuélvelo a rezar, nombrando, para cada petición, un deseo o una necesidad concreta en favor de tantas hermanas y hermanos a lo largo de la tierra.

El documento Aprendizajes vitales. Relación con Dios, que te puedes descargar aquí, te ayudará a hacer este recorrido.

Imagen: Sincerely Media, Unsplash

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