Nueva lección de vida

No déis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas a los puercos, no sea que las pisoteen, se vuelvan contra vosotros y os destrocen. Mt 7, 6

Aquí tenemos otra palabra de Jesús que viene a enseñarnos sobre la vida, sobre el modo de estar en ella.

Para comprender esta palabra de Jesús, vamos a caer en la cuenta, en primer lugar, de lo que dice literalmente: No déis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas a los puercos, no sea que las pisoteen, se vuelvan contra vosotros y os destrocen.

Está clarísimo que no lo haríamos, ¿no es así? No le das a tu perro, por mucho que lo quieras, el jersey que guardas en recuerdo de tu marido que falleció. Ni le das para jugar la pelota favorita de tu hija. Por no hablar de reliquias o cosas sagradas así. Sin duda, no lo haríamos.

Tampoco daríamos nuestras perlas a los puercos. Está claro que no van a engordar así, y hasta puede que se vuelvan contra nosotros porque les hemos dado algo duro e indigesto. Y las perlas, tan preciosas, no solo quedarían destrozadas sino que, como dice Jesús, puede que los animales se vuelvan contra nosotros y nos destrocen también.

Aunque ni locos lo haríamos con estas cosas, ¿no es cierto que a veces lo hacemos con otras? Cuando te pones a hablar de las cosas que te duelen o te importan con quien no las puede entender, cuando te empeñas en dar lo mejor de ti a alguien que no puede o no quiere apreciarlo; cuando te dejas maltratar, cuando te rebajas o te vendes para que te quieran, para que te incluyan, para que te admiren… estás dando lo mejor de ti, lo más valioso, lo más precioso, lo más santo a gentes que no es solo que no lo vayan a entender, sino que llegan, tal como dice Jesús, a pisotear lo que para ti es tan querido, a despreciarlo o a malvenderlo… y eso, efectivamente, te destroza. Tú habías dado algo tuyo a quien no sabía o no es capaz de apreciarlo, y ha hecho lo que más temías: revolcarlo por el barro y revolcarte a ti en él.

¡Puede pasar con tantas cosas! Con tu intimidad, con tus recuerdos más queridos, con tus secretos o tus memorias, con el fruto de tu trabajo, con tu experiencia de Dios incluso. Se lo das a quien no toca (¿cuáles fueron tus motivos?), y te encuentras con la traición, la manipulación de lo tuyo, con la publicidad de lo que nunca debió ser público, con la burla hecha a lo que para ti es sagrado.

Y le preguntamos a Jesús: es verdad que esto es doloroso, y que no debería pasar, y que hemos de estar atentas a que no pase, pero, ¿qué tiene de tan importante que lo hace contenido de tu enseñanza?

Lo santo, las perlas, no son algo que “tenemos”. Son algo que somos. Algo que Dios nos ha dado para vivir. Cuando usamos eso que somos para “conseguir” aquello que nos falta (atención, afecto, amigos, reconocimiento, aplausos…) estamos sometiendo eso que somos a la categoría de algo que “tenemos”, que es nuestro y que podemos manejar. Pero no es así: lo que hemos recibido de Dios da fruto, el fruto debido, cuando lo usamos al modo de Dios. Cuando lo usamos a nuestro modo, para nuestros intereses, lo rebajamos -dar lo santo a los perros, las perlas a los puercos-, y nos rebajamos, incapaces tantas veces de ponernos en pie y vivirnos como quienes somos. Por el contrario, hemos de aprender a vivir…al modo que lo santo merece, al modo que las perlas que hemos recibido merecen. De este modo no solo no perderemos lo recibido y no lo rebajaremos, sino que estaremos mostrando que sabemos vivir, que sabemos usar los dones recibidos y regalados de modo que sirvan a la vida.

Esta enseñanza de Jesús nos hace caer en la cuenta de cuánto de bueno hemos recibido y nos ilumina en relación al modo de usar lo que hemos recibido. Y es que, si se nos da tanto bueno y no lo sabemos usar, o lo usamos mal, ¿para qué sirve?

¿Sabes cómo profundizar en esta enseñanza? Paradójicamente, volviendo sobre las veces que has hecho esto: dar lo santo a los perros, las perlas a los cerdos. Cuando descubres por qué lo hiciste y qué te pasó, aprendes para el futuro. También, volver sobre las veces en que no hemos caído en la tentación de dar lo santo a los perros, en que no hemos echado nuestras perlas a los cerdos -y de nuevo, concreta estas ocasiones: qué pasó entonces, qué me iluminó o me sostuvo para mirar de otro modo-, nos enseña para lo siguiente. Vivir es, también, volver sobre lo vivido y aprender para lo que viene.

Después de escuchar un rato, igual sí podemos decirle a Jesús que esta enseñanza, más habitual de lo que parece, tiene su importancia en orden al vivir…

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Imagen: Robert Shunev, Unsplash

2 comentarios en “Nueva lección de vida”

  1. Me gusto mucho este estudio profundiza mucho lo q el señor quiere que entendamos de su palabra este es el primer estudio q recibo quiero aprender mas.

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