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Un ejercicio de escucha

El Café evangelio de hoy va a ser un poco diferente. Hoy hacemos “Flashes de vida cotidiana”, donde comentamos algún tema que tiene que ver con la fe.

En esta ocasión, quiero mirar contigo dos canciones del grupo Hakuna. Hakuna es un grupo de música religiosa que compone canciones que, en general, tienen más calidad musical que la que se encuentra en muchos otros grupos de música religiosa. Esto es lo primero que nos encontramos al escuchar a este grupo, lo que hace que tenga bastante tirón.

Luego venimos a la letra. Porque las letras comunican un mensaje. A veces quizá no lo atendemos, pero este mensaje, en el caso de las canciones religiosas, debería estar alineado con la “música” y la letra del evangelio. Este criterio es el que va a guiar mi discernimiento. Encuentro que las canciones de Hakuna que vamos a comentar, y otras, no comunican el contenido del evangelio.

Tengamos presente que es posible que estas canciones, que objetivamente criticamos, puede ser que subjetivamente estén ayudando a muchas personas por el momento en que se encuentran, porque en su proceso esto les ayuda… aunque después haya que derribarlo.

Vamos a comentar, como te decía, dos canciones de Hakuna: Sencillamente y Descalzos

La primera, Sencillamente, habla de un creer “sencillo”.

Empieza diciendo  Quiero disfrutar de la serenidad del creer, desligar el creer del sentir. Esto, que suena tan hermoso, tan deseable, no se da al principio, ni se da desde nuestras fuerzas, sino que se da (si se da), por gracia, al final. Como esos bailarines a los que vemos danzar “sencillamente” y de los que sabemos que han tenido muchas caídas, muchos tropiezos, mucha frustración hasta llegar a ese punto en el que se encuentran.

Y cuando llegas a ese punto, disfrutar no importa. Es bastante contradictorio decir que quieres “disfrutar” para después decir que -de nuevo, quieres- desligar el creer del sentir.

Es verdad que hay que aprender a desligar el creer del sentir, pero eso se da más adelante, y no es un “quiero”, sino que es gracia. Y no se “desliga”, sino que se recibe desde otro lugar.

Por terminar esta estrofa, que también denuncia este voluntarismo: creo, mi Dios, ¡y basta!

O cuando se dice:

Te creo en tus misterios

sin entenderlos.

Te creo en mí y en el Pan Blanco,

en el prójimo y en la creación

sin verte en ningún lado.  

Aunque muchas veces la fe no ve, no dicen verdad cuando dicen sin verte en ningún lado. Es verdad que la fe no ve, hay que reconocer igualmente que la fe percibe. Que la fe percibe a Dios en sus misterios (son misterios, que se abren a la contemplación y se entregan a la fe cuando Dios quiere, no enigmas que se ocultan al entendimiento), en la eucaristía, en el prójimo y en la creación. No se ve, pero se percibe. Y ese modo de percibir que es el modo propio de la fe, que ve en lo invisible, es el modo común en el cual, con sentimiento o sin él, en que caminamos los creyentes. Y habrá un momento en que se dé ese sin verte en ningún lado, pero este hecho refiere una noche oscura de la fe que está a años luz del voluntarismo y la autoafirmación expresada en estas líneas.

Se da también una contradicción: se ha hablado primero de disfrutar de la serenidad del creer, luego se ha dicho que hay que desligar el creer del sentir, y ahora se habla de lo que me gusta (que es, sin duda, sentimiento, y ¡disfrute!): cómo me gusta creerte, sintiendo dudas

Es masoca decir esto. Pero es que también puede producir una cierta esquizofrenia: no te veo en ningún lado, desligo el creer del sentir, pero me gusta creerte sintiendo dudas, y me gusta también creerte estando frío, sintiendo miedo: ¡me aterra pensar en esos jóvenes que escuchan e interiorizan una imagen de Dios así! Y encima se repite  ¡Cómo me gusta! ¡Cómo me gusta!

Además, como seres humanos somos seres de preguntas: es bueno formarse, es bueno preguntarse por la propia fe y por el misterio de que yo crea cuando hay tantos que no, es bueno que me pregunte sobre mis dudas o sobre esos misterios de la fe. Es bueno, es necesario. Por el contrario, asociar el creer a un estrangulamiento de tu sentimiento (no siento y ¡qué más da!… con todas las contradicciones que hemos visto!), de tu inteligencia, que entiende la sencillez como no preguntarse, no ver camino en las dudas ni en el miedo, en las dificultades, a la vez que pones en el centro a ese yo que es quien parece tener más protagonismo que Dios en ese creer, esperar y amar.

Como decía, esto no es la música ni la letra del evangelio.

Venimos ahora a la siguiente canción, Descalzos.

Comienza así:

Quiero vivir, vivir
Ser libre y equivocarme
Sentir el frío, el dolor
Emocionarme
Mancharme entera
Y reír y llorar
Abrir nuevos caminos
Y soñar

 

Estos ideales, que estuvieron tan presentes en la segunda mitad del siglo XX y que en nuestro tiempo, falto de ideales, se expresan en un tono menor, más individual pero siempre atractivo, son el grito de esta canción.

Si antes, en ese Creo y basta, ahora estamos proponiendo un ideal de vida que requiere con la libertad: la libertad tiene que ver con no tener miedo a los errores, para lo cual hay que desarrollar la capacidad de volver al propio interior, la capacidad de leer la historia y de volverse a Dios en medio de las situaciones de la vida. De nuevo, se propone un ideal doctrinario que suena a proclama idealista pero no se procuran (no con el otro mensaje que hemos analizado), recursos para desarrollar esa vida, esa libertad, esa apertura a la realidad en la que nos encontramos. Si la primera puede llevar a una esquizofrenia espiritual y existencial, esta lleva a la frustración que produce el intuir anhelos que no sabes cómo vivir. Podemos decir que esto tiene que ver con todos los mensajes orientados a ideales, pero aquí hay algo más: te propongo este ideal, pero con las bases del “no pienses-no sientas-no te preguntes”, anulo el camino para que un día llegues a él.

Como decía al principio, habría mucho más que comentar. Solo una cosa más: esta canción, que tiene en común con la anterior ese individualismo egocentrado (que está bien, se dirige a jóvenes o a personas que se encuentran en el punto de fe de los jóvenes) y que está más alineada con los anhelos de nuestro mundo o incluso recupera algunos de esos ideales para este tiempo, no nombra a Dios. Gritar al cielo: “libertad, libertad, libertad”, suena más a reclamar a Dios que a recibir de él ese don que solo tenemos por gracia suya. Habría que ver porqué en este mensaje no se nombra a Dios.

Imagen: Farzad Mohamadi, Unsplash

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