Una cuestión para examen

¿Lo habéis entendido todo? Le responden que sí, y él les dijo: —Pues bien, un letrado que se ha hecho discípulo del reinado de Dios se parece a un amo de casa que saca de su alacena cosas nuevas y viejas.  Cuando Jesús terminó estas parábolas, se marchó de allí, se dirigió a su ciudad y se puso a enseñarles en su sinagoga. Ellos preguntaban asombrados: —¿De dónde saca éste su saber y sus milagros? ¿No es éste el hijo del artesano? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Sus hermanas, ¿no viven entre nosotros? ¿De dónde saca todo eso? Y esto era para ellos un obstáculo. Jesús les dijo: —A un profeta sólo lo desprecian en su patria y en su casa. Y por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros. Mt 13, 51-58

Con esta perícopa que tenemos para hoy se cierra el discurso de las parábolas que constituye el c. 13. En ella encontramos dos reacciones a la persona de Jesús: la de los discípulos y la de la gente de su ciudad. Estas dos respuestas indican dos tipos de respuesta a la persona de Jesús.

En ambas situaciones se nos presenta a Jesús enseñando: en la primera, Jesús pregunta a los discípulos si han entendido todo lo que les acaba de enseñar. En la segunda, Jesús va a su ciudad y se pone a enseñar a los que conoce de toda la vida.

Los discípulos le dicen que sí han entendido. ¿Es que lo han entendido todo? No, ya hemos visto que no: como todos los demás, han pedido a Jesús que les explicase esas parábolas que se supone que ellos entienden mejor que los demás. Y sin embargo… sí, le han entendido. Han entendido lo más importante, que es que junto a Jesús vas bien. Permaneces a su lado -permanecer a su lado es entenderlo todo-, y él te irá explicando cuando haga falta. Más aún, te dará tanto que podrás disponer de ese saber en favor de otros, como hace ese amo de casa que guarda tantos tesoros y sabe cuándo sacar cada cual.

Los discípulos han entendido todo, porque han entendido quién lo es todo, y que Jesús, que es todo, con quien viven en comunión, les seguirá explicando todo cuando lo necesiten. Que él mismo será el amo de la casa al que preguntarle cuál es la palabra, o el paso que conviene en esta situación, o en aquella y así, entre Jesús y sus discípulos unidos, entre Jesús y tú, unidos, la vida se vive de otra manera. De esa manera totalmente otra que se llama Reino de Dios.

Luego están los de su pueblo. También son unos cuantos, como los discípulos. Solo que los discípulos lo saben todo porque creen en Jesús, mientras que estos no se enteran de nada porque no creen en Jesús. Se acercan a él desde su lógica, desde lo que ha funcionado hasta ahora,  “lo de siempre” -un mal modo de mirar la tradición, las cosas antiguas- y como Jesús -lo nuevo, lo que “para siempre” va a ser novedad, vida nueva en cada época- no encaja en sus moldes, se resisten a Jesús por quedarse con su pobre entendimiento.

Rechazar a Jesús por lo nuestro. Pasó entonces, y pasó precisamente con los que mejor creían conocerle. Les pasó a aquellos justo porque creían conocerle.

¿Qué les faltaba? La fe: Por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros. Y es que no todos vemos los milagros, aunque estén ahí. Solo los ve quien tiene fe. La fe te abre la mirada a un mundo maravilloso… cuando tú tienes la capacidad de ver maravillas.

Después de escuchar todas estas cosas, estaría bien pararse y hablar con Jesús de dónde me sitúo ante él, de qué vida se me abre desde ahí…

Y así, sin pretenderlo, nos hemos encontrado con una cuestión bien importante para preguntarnos cómo hemos vivido este año, ¿no crees?

 Imagen: Pappaioannou Kostas, Unsplash

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